La transición democrática fue un hecho recurrente en América Latina hacia la década del ochenta. Este fenómeno suele definirse “como proceso de pasaje de un sistema político autocrático a otro democrático”.

            En el caso de Argentina esa transición fue desordenada, es decir no pactada, lo que significó para las fuerzas armadas la imposibilidad de clausurar el pasado. A diferencia de los gobiernos militares anteriores, entregaron el poder sin tener el reaseguro de que no serían cuestionados por sus acciones de gobierno. Esta clara demostración significó la Guerra de Malvinas, la cual se la había considerado como una suerte de utopía, ya que si se recuperaban, simbolizaría “la salida con la frente en alto de las Fuerzas Armadas del gobierno” y el perdón de todos los crímenes de lesa humanidad producidos durante la dictadura.

El 2 de abril de 1982, la Argentina retomó posesión de las Islas Malvinas, territorio usurpado por los ingleses en 1833. La ocupación dio comienzo a una guerra que concluiría poco más de dos meses más tarde -el 14 de junio de 1982- con la derrota de las  Fuerzas Armadas argentinas con más de  650 muertos.

La derrota en el campo de batalla de Malvinas, abrió las puertas de una resignificación del pasado, presente y futuro de la Argentina. La derrota mostraba la cara del proceso que nadie o muy pocos habían querido ver. Atrás habían quedado los festejos de la Copa del Mundo. Los argentinos se enfrentaban al fracaso de un modelo político y económico que había hecho desaparecer a miles de compatriotas, y había sumergido en la marginación y pobreza a otros miles. La derrota abrió el paso a la construcción de una historia maniquea en donde el Proceso representó todos los males y la democracia todas las ilusiones.

Sin embargo la vuelta a la democracia agravó el clima cuando se intento definir la cuestión militar, sobre todo cuando se partió de los ejes centrales: “tratamiento judicial limitado y depuración militar”. Se busco castigar los crímenes de la Dictadura y el mismo proceso del la Guerra de Malvinas. Tiempo después, el Poder Ejecutivo sanciono la Ley de Punto Final y de Obediencia Debida.

Una vez terminada la guerra: el olvido, la negación colectiva. En primer lugar, por parte del Gobierno militar, se obligó a los ex combatientes a firmar un documento en el que se comprometían a no hablar de lo sucedido y por otra parte, la sociedad argentina, que había apoyado mayoritariamente la guerra, y que ahora que la democracia comenzaba a despuntar en el horizonte, quería mirar hacia el futuro invocando la indiferencia.

Volver fue el comienzo de un doloroso camino para una gran cantidad de soldados sacudidos por el horror vivido y por el devenir incierto, que ya no sería el mismo. De alguna forma se ignoró a los excombatientes, dándoles la espalda, obligándolos a la marginación, sepultándolos en el olvido y la indiferencia. Resultado: los suicidios de ex combatientes llegaron a más de 400 casos.

Durante años no hubo ningún tipo de asistencia ni ayuda, recién en los últimos nueve años la situación de los ex combatientes mejoró notablemente cuando se realizó un relevamiento socio-sanitario nacional de los que participaron de la guerra, para dar respuestas concretas y atender aquellos casos de alta vulnerabilidad. A partir del 2004, el Estado otorga una pensión equivalente a tres jubilaciones mínimas.

El 22 de noviembre del 2000 el Poder Legislativo argentino sancionó la Ley Nº 25370, por la cual se declara al día 2 de abril como Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. Dicha ley se promulgaría finalmente el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue luego modificada el 7 de junio de 2006 para declarar inamovible al feriado nacional, por lo cual no podrá ser trasladado al lunes anterior o siguiente para conformar un fin de semana largo.

Invocando palabras del Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel… “La memoria nos ayuda a iluminar el presente y a generar el futuro en la vida de los pueblos y en nuestras propias vidas. La historia es memoria de la vida de los pueblos, que se fue construyendo en el tiempo, entre luces y sombras, entre el dolor y la resistencia. Argentina es sacudida y violentada por la última dictadura que culmino en una injusta guerra”… Recordemos esto en nuestro presente…

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