Fue el segundo caso dudoso que tuvo nuestra localidad. Un hombre sufrió en carne propia la marginación en un tiempo de mucha angustia personal.

En momentos en que la palabra empatía se encuentra en boca de muchos, el segundo caso sospechoso que tuvo Malargüe, allá por el mes de marzo, vivió en carne propia la falta de puesta en práctica de este tan usado vocablo.

Hugo Gutiérrez es malargüino por elección, hace 20 años que decidió que este era su lugar en el mundo. Las vueltas de la vida y la necesidad de progresar, hicieron que su trabajo se encontrase a varios kilómetros de esta tierra, en Río Gallegos. La cuarentena lo tomó por sorpresa -como a muchos- lejos de su hogar.  Trabajaba para UGA Seismic, empresa que opera principalmente en el sector infraestructura, minería, metales, petróleo y gas.

En su esquema de trabajo se hospedaba en una hostería, bastante alejada de las grandes concentraciones de personas y donde creían que el virus del Covid 19 no llegaría.  “Durante 10 días no entrábamos en las listas de trabajo; algunos de los que trabajaban en la hostería tenían síntomas y ahí presentí que el virus estaba entre nosotros”, relató para Malargüe a Diario Hugo. Y no se equivocó, ya que ocho personas dieron positivo. “Yo hacía el mantenimiento de las máquinas que buscan petróleo y cuando estábamos volviendo a Malargüe me entero que mi compañero había dado positivo; mi corazón no daba más, era todo muy nuevo, lo que veíamos en el resto del mundo era que el que se enfermaba se moría y ahí me agarró pánico”, aseguró.

Una vez que llegó a Malargüe, como corresponde por protocolo y ser contacto estrecho, Hugo fue puesto en cuarentena en su hogar, ya que vive solo.  “Me perseguía con los síntomas, encima me entero de más compañeros que habían dado positivo. Ahí volví a entrar en pánico, llamé a la ambulancia y me fueron a ver, pero no tenía nada. El doctor Cardoso me explicó todo y me quedé muy tranquilo. Igualmente, unos días después, me hicieron el hisopado y estuve durante dos días y medio en el hospital”, comentó.

Según relató Hugo, fueron los días más inolvidables de su vida, en un sentido negativo: “Mi teléfono no paraba de sonar, yo había mandado audios a sólo dos personas que “eran” amigos y terminaron hasta en Neuquén esos audios, culpándome de que había traído el virus, que había traído la peste a Malargüe. Me sentí muy discriminado, pero yo no tenía ni síntomas y estaba aislado”.

Su estadía en el Hospital Regional, más allá de las difíciles circunstancias, transcurrió con el incondicional apoyo del personal que lo asistió. “El doctor Cardoso y las enfermeras me atendieron muy bien, estoy muy agradecido. Por eso decidí dar una pequeña colaboración, ya que en ese momento me encontraba en buena situación como para dar una donación; yo veía que el protocolo de seguridad no era muy eficiente”, explicó.

Hugo, junto con sus ex compañeros de la empresa Petrotrans (donde trabajó anteriormente), juntó 50 mamelucos repelentes y 75 antiparras cristalinas. Además, entregó un cheque “para que pudieran equiparse un poco más los de terapia, que son los que están más expuestos. En el hospital realmente me atendieron muy bien”.

Luego de poco más de 48 horas de incertidumbre, Hugo fue dado de alta por haber dado negativo su resultado. “Me vine en taxi a mi casa y estuve aislado 14 días más y me dieron el alta, pero igual seguí encerrado. Fue muy fea la discriminación que viví”, relató.

Tapa de nuestro semanario del domingo 25

Hugo no volvió a trabajar al sur, el proyecto en el cual se encontraba la empresa que lo contrató se encuentra “frenado”. Actualmente se gana la vida haciendo “changas” gracias a sus conocimientos de electricidad, herrería y pintura y continúa sintiendo el amargo sabor por la falta de conexión o compasión de un gran sector de nuestra sociedad.

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