El futuro de la Nación estará  en manos  de la calidad de la política y el resolverlo correctamente  es el desafío. La  oposición será siempre portadora de futuro. El futuro es impredecible, pero también sabemos que es posible planificarlo.

NO es tarea exclusiva de políticos el éxito de la Republica, es tarea de todos. Haberlo olvidado es una de nuestras faltas. La construcción de una oposición política a tono de los tiempos que corren, es una cuestión demasiado importante para dejarlo en manos exclusivas de los políticos profesionales. Este gobierno se va, eso es una certeza, todo hace suponer que en diciembre del año que viene varios regresan al llano. O tal vez el destino para algunos sea una celda.

El kirchnerismo se va y en Malargüe también se tiene que ir, pero no sabemos qué es lo que viene en su reemplazo. Para las elecciones de junio octubre de 2015 no falta mucho tiempo, pero nunca está de más advertir que el tiempo cronológico no siempre coincide con el tiempo político. En este caso el año político que se vislumbra prometía desarrollarse con exagerada lentitud. El oscurantismo de Agulles decidió acelerar y acortar los tiempos

Por lo pronto, no deberíamos sorprendernos que estemos insatisfechos con la actual oposición política. Lo sorprendente sería lo contrario. La Argentina en su conjunto no está pasando por su mejor momento, y en ese contexto su sistema político es previsiblemente deplorable y mediocre. El populismo  practicado a cielo abierto y sin anestesia ha sido el responsable de este tipo de escenarios ruinosos, con partidos políticos fracturados y dirigentes incapaces de mirar más allá de sus propias sombras.

Como  enseñan sabemos que el nuevo gobierno tendrá un limitado margen de manejo. Lo recomendable es asumir que no habrá  sucesos mágicos en  la esquina, no hay logros trascendentes sin esfuerzos. Asumir este realismo sería una estupenda lección de civismo. Sensatez y Realismo.  Sin negarle su oportunidad a la esperanza.

Si la oposición está decidida a ser verdadera protagonista de la historia debe saber que un ciclo histórico en la Nación y en Malargüe está llegando a su fin. Ser los portadores del cambio debería ser el imperativo y el deseo de los dirigentes. A la Argentina  y a Malargüe se le presenta la oportunidad de cambiar, pero el cambio debe desenrollarse en el reducido campo de lo viable. Investigar sobre esa posibilidad significa exigirnos respuestas precisas. ¿Dónde encontrarlas? En el presente,  de la política actual; o en todas las señales e indicios que la sociedad ha ido delineando en los últimos años.

Los argentinos exigimos de dirigentes que estén al tanto para movilizar  de la sociedad sus iniciativas y los sentimientos más nobles. ¿Cómo asegurar en Malargüe el orden en un mundo signado por el cambio?¿Cómo cambiar observando procesos y costumbres que merezcan ese reconocimiento?. Para ello hacen falta dirigentes capaces de comprenderlas; dirigentes cuya meta sea la grandeza de la Nación, de Malargüe y no la de su ego o su cuenta corriente. Exigimos de políticos que entiendan qué hacer en cada circunstancia y  difundirlo  con palabras claras y sencillas. En fin,  hacen falta líderes dispuestos a hacer de la política un suceso honorable y digno.

Por supuesto que hablo de liderazgos democráticos, no de despotismos mesiánicos; hablo de dirigentes capaces de dirigir una nación y  municipio democrático, no una republiquita y municipio bananero; hablo de líderes que  deliberen como estadistas, no de dioses o hechiceros y falsos profetas.

“La política”, correspondería ser la consigna, ya que sólo desde la política, es posible recuperar la república y las instituciones del Estado. O la Argentina se transforma desde la política o su destino será prolongar el plano inclinado de la degradación actual a las que estamos sometidos. Es necesario elaborar acuerdos, creando frentes  y o alianzas, estableciendo  nuevas reglas del juego, normas que sólo se pueden cumplir desde la política.

Las posibilidades hacia el futuro son estimulantes. Hoy no lo tengo muy claro y tampoco me consta que la Argentina esté condenada al éxito, pero sé que para nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos, nos merecemos y necesitamos un mejor destino, porque contamos con los recursos y las herramientas.

Debemos ocuparnos de hacer realidad aquello de tener un Estado con instituciones que funcionen y una economía que de una vez por todas valorice nuestras ventajas naturales y comparativas valiéndose de los probados beneficios de la libertad. Un gobierno que merezca ese nombre, será aquél que sepa qué hacer históricamente con el Estado, qué hacer con las masas y qué hacer con el capitalismo.

¿Cómo promover  transformaciones culturales y políticas desde un gobierno constituido bajo el signo de la moderación, que ejerzan  la autoridad en tiempos de diálogo y consenso. Son algunos de los grandes dilemas a resolver. Las dificultades que se presentan para cumplir con estas metas son las actuaciones que debemos proponernos hacer efectivas.

“Castelli vencido por la enfermedad y el desencanto, dijo; “Si ves el futuro decidle que no venga”.  Nosotros en cambio tenemos el derecho de sostener otra relación con el futuro: queremos que el futuro llegue y queremos dirigentes con sed de futuro.

¿Se entiende ahora por qué debatir acerca de la calidad de la oposición es la principal exigencia de la política hoy?

Por Horacio Marinaro

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