En el Día Mundial del Guardaparque, te mostramos el trabajo oculto

En Malargüe, entre tantas otras actividades, era común que realizaran el monitoreo de fauna.

En 1992, la Federación Internacional de Guardaparques declaró el 31 de julio como el Día Mundial del Guardaparque, para reconocer la labor y el compromiso de quienes se dedican a proteger el patrimonio natural y cultural del planeta, así como rendir homenaje a quienes se fueron en cumplimiento de su trabajo. A modo de agasajo por su día, compartimos este informe.

Lucas Aros es mendocino; gran parte de su carrera transcurrió en las Reservas de Llancanelo y Payunia. Aníbal Soto, es malargüino y siempre había salvaguardado las reservas locales. Ambos guardaparques aman y realizan en forma apasionada su labor y hace, aproximadamente, un año pidieron el traslado al Parque Provincial Aconcagua.

En Malargüe, entre tantas otras actividades, era común que realizaran el monitoreo de fauna; actividad poco cotidiana en Parque Aconcagua, donde pidieron ser transferidos para contar con la experiencia de trabajar en montaña: “Trabajar en altura y con turistas es un trabajo totalmente diferente al que hacíamos en Malargüe”, confesó Lucas.

Empezaron proponiendo hacer un trabajo con cámaras trampa ya que contaban con dicho equipamiento, el cual adquirieron en forma personal, “lo habíamos comprado para trabajar en Malargüe”. Ambos comenzaron a monitorear especies que son emblemáticas de la alta cordillera mendocina y de las que poco se habla: “Monitoreamos carnívoros, pumas y zorros y ampliamos el trabajo a monitorear cóndores, dado que el Parque fue declarado Santuario del Cóndor. Estamos con un proyecto intenso de monitoreo de las poblaciones de cóndores de Aconcagua y de la alta montaña”.

Ambos guardaparques tuvieron su debut como tales con turistas en campamentos de altura durante el pasado verano, “fundamentalmente trabajamos con turistas extranjeros, en Plaza Argentina, un campamento que está a 4.200 msnm y patrullábamos hasta los 5.500 msnm”.

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Este monitoreo de fauna se continuó en Parque Aconcagua como una “costumbre” o continuación que ambos guardaparques habían adquirido en nuestras Reservas Provinciales, “nos asignaron a un sector del Parque, la Quebrada del Río Vaca, que tiene menos turismo. Las condiciones ecológicas de ese lugar son muy buenas para trabajar en esto de monitorear especies emblemáticas o problemáticas como es el puma”.

Según Lucas, lo más interesante que han podido observar mediante este monitoreo fue el “ensamble trófico”, es decir, “el Parque tiene una población de guanacos, que a su vez es depredada por los pumas, que, a su vez, le dejan restos a los cóndores. Pudimos corroborar cómo funciona ese ensamble trófico, el ciclo de alimentación. Tres especies emblemáticas de la Cordillera de Los Andes están funcionando naturalmente en forma correcta, por lo menos en esa quebrada”.

La pandemia hizo que la vida y rutina de todos cambiara, incluso la de los guardaparques, quienes continúan prestando servicio, pero sin contar con la afluencia de turistas, ya que el parque se encuentra cerrado, pero se han fortalecido las tareas de monitoreo. “Tenemos más tiempo que le destinábamos al turismo y ahora se lo destinamos al monitoreo, impulsados básicamente luego de trabajar en áreas tan grandes y biodiversas como las de Malargüe”, explicó Lucas.

Por su parte, Aníbal manifestó que en comparación con el trabajo que realizaba en nuestra localidad, estar en la alta montaña “es muy diferente a lo que se hace en Malargüe, donde el fuerte es control y vigilancia, educación ambiental, atención al visitante y en Aconcagua el trabajo es muy amplio. Se trabaja mucho con la recolección de residuos en altura, asistencia médica y de rescate con la Policía de Mendoza, las evacuaciones de los andinistas cuando presentar algún síntoma de altura, que lo deriva un médico”. Además, Aníbal confesó que el monitoreo que se realiza en Aconcagua es muy diferente ya que se encuentra a gran altura, “cuesta, el cuerpo nuestro no está adaptado, cuesta más que en el llano, hay mucho desgaste físico y respecto de la fauna, básicamente es la misma que en Malargüe”. Hoy no se encuentra desempeñando sus funciones en Parque Aconcagua debido a la pandemia; vive en Córdoba y la cuarentena lo sorprendió de franco en su hogar, no pudiendo retornar a la provincia, “seguimos trabajando por computadora y teléfono en forma diaria, aunque extraño mucho”, expresó.

Por último, Lucas confesó que durante todo este invierno, no ha podido fotografiar ningún puma a través de la cámara trampa pero sí lo logró durante un recorrido que realizó: “Me encontré con un puma de frente, quien al verme se puso en alerta y comenzó a correr cuesta arriba en un cerro”.

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