El 23 de febrero a la tarde, la dueña de casa tomaba mate con una amiga cuando detectaron una llama en la cocina. Las mujeres agarraron a las niñas, sus celulares y el imán con los teléfonos de emergencia para llamar a los bomberos pero cuando estos arribaron ya había poco que salvar. Una pérdida de gas habría sido la causa del siniestro.

“Quedamos descalzas y con lo que teníamos puesto y allí comenzó este camino para reconstruir de a poco la vida, con la mayor normalidad posible”, comentó Verónica en su entrevista con Malargüe a Diario.

Ella es recordada por muchos malargüinos porque fue Virreina Nacional de la Vendimia en el año 1995, lo que, más allá de que a ella la sorprenda, comprueba que se es reina para siempre.

Sin embargo, señaló que hoy lo más importante es agradecer a mis familiares y a las familias Soto-Archilla y Medialdea, así como la ayuda recibida por el Círculo Médico y el personal de YPF que realizó una cadena solidaria.

Por otro lado, también destacó la pronta respuesta del intendente quien puso a su disposición la oficina de emergencia habitacional, a cargo de Néstor Catalano, y recordó  la ayuda y el asesoramiento recibido de parte de Alfredo Martínez y, en especial, la cuadrilla que trabajó en la construcción del módulo. “Ellos fueron adaptando su trabajo a las necesidades del momento con toda la buena voluntad. Hicieron la limpieza del terreno y estuvieron hasta los últimos detalles para que luego se pueda proyectar en una ampliación”, especificó.

En este sentido, explicó que Martínez, en vez de tirar todo el material que quedó de la casa, dispuso con su tiempo y su propia gente desarmarla para rescatar materiales para ser reutilizados y hacer donaciones a gente que le pudiera hacer falta.

Además de las donaciones de ropa y comida, que permitieron a la familia se reponga en el momento de emergencia, las donaciones económicas permitieron la compra de material para que este módulo se pueda proyectar, con el tiempo, en su vivienda definitiva.

Para finalizar, Verónica contó que toda la ayuda material como la emocional permitió que sus niñas pudieran comenzar a resolver esta pérdida.  “Al principio, cuando esto sucedió, cada vez que íbamos para la casa, decíamos ´vamos a la casa quemada´ y un día mis hijas me dijeron: no, ya no vamos más a la casa quemada, ahora vamos a la casa en construcción y así es como empezamos de nuevo, a tres meses de haberlo perdido todo, y eso se lo debemos a toda la gente que puso algo de sí para ayudarnos”, expresó.

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