De acuerdo al relato de su hija, Oscar Guiménez, sufrió una fuerte descompostura el 19 de junio y fue llevado al Hospital Malargüe por su esposa y hermanos para que lo atendieran de urgencia. En la guardia, fue asistido por el médico cirujano César Chávez, quien determinó que había sufrido un ataque al miocardio con daño cerebral, pero antes de eso habían pasado dos horas sin atención.

“Pregunté por qué estaban demorando en ayudarlo; por qué no estaba siendo atendido por un especialista. Y el médico me dijo que el hospital no contaba con tomógrafo ni con médico para tal caso, por lo que sólo restaba esperar que acudiera una ambulancia para trasladarlo”, explicó.

La mujer comentó que le pidió que le avisara al director del hospital pero “me contestó que no se le puede hacer saber a Gerbaudo de cada paciente que ingresa” y, ante su insistencia, se enojó.

“La enfermera que lo asistía decía que estaba mejor que cuando llegó pero no era así. Yo no sé de medicina pero me daba cuenta de que esto no podía esperar. Mi papá ingresó con vida, sus sentidos estaban activos, se movía, se quejaba, se rascaba su pierna. Llamaron a las ambulancias y ninguna estaba disponible. Pasó un largo rato y mi papá ya había dejado de moverse, no escuchaba, no tenía control de su cuerpo”, manifestó.

Después llegó Rafael Salinas, prosiguió, y una mini ambulancia de “A Mano”, donde apenas entraba la camilla con mi padre y se lo llevaron a San Rafael. “Le tomaron el pulso y la temperatura en el cruce de El Sosneado. Casi en la Cuesta de los Terneros le dieron oxígeno, cuando debió salir del hospital con esa asistencia”, agregó.

Pasaron más de cuatro horas, cuando llegó al Hospital Schestakow, afirmó Guiménez,  y allí dijeron que ya no se podía hacer nada porque la hemorragia era invasiva y no daba ni para operarlo porque había pasado mucho tiempo sin atención.

“Aproximadamente a las 18, recibo un llamado donde se me pide que vaya al Hospital Malargüe a pedirles que atiendan los teléfonos porque desde Terapia Intensiva del Schestakow se estaban tratando de comunicar para que dispusieran de una cama acá. Así, lo hice y el doctor Setut me dijo que no había camas disponibles y que, teniendo en cuenta que mi papá tenía muerte cerebral, fuéramos nosotros quienes entendiéramos la situación del hospital”, sostuvo.

“Llegados a este punto, solo esperábamos a mi padre de regreso con muerte cerebral a causa de la falta de equipamiento y de personal que sepa actuar ante situaciones de emergencia como la que sufrió, ya que desde San Rafael nos comunican, además, la falta de información acerca del estado complejo que presentaba el paciente, cuya única indicación era un estudio tomográfico”, continuó.

Guiménez aseguró que Gerbaudo jamás apareció y que en la OSEP también tuvieron muchas dificultades para que se hicieran cargo de realizar el regreso de su papá hacia Malargüe.

“Luego de varias idas y venidas, al otro día, Jorge Marenco (referente de OSEP en Malargüe) me contestó que la obra social no tenía plata para pagar médicos que hagan este traslado. Mi madre, al borde de un ataque de nervios, estaba dolida por la poca disposición del Hospital Malargüe y la OSEP que mi padre recibiera las atenciones que merecía tras toda una vida de aportes. Queríamos que mi viejo estuviera de vuelta con nosotros para cuidarlo, acompañarlo, despedirlo”, resaltó.

Según lo expresado por la mujer, desde la OSEP le aseguraron más de una vez que llegaría una ambulancia para hacer el traslado pero eso nunca pasó y desde el Schestakow les avisaron que una movilidad de general Alvear lo haría. “El médico que venía asistiendo a mi papá nos decía luego que están acostumbrados a recibir pedidos”, indicó.

“La noche del 21 de julio, cerca de las 21, aparecieron Gerbaudo y Salinas, había cuatro ambulancias estacionadas en la playa del hospital y mi viejo en coma. El director del hospital trató de explicar lo que no tenía explicación”, aseguró.

Para concluir, Guiménez opinó que “no se puede tener un Hospital con tantas necesidades; no se puede no contar con especialistas en traumas como este. Me duele que tengamos un edificio tan grande y tan pobre, que haya que reclutar médicos y  enfermeros de afuera.

Me duelen las negligencias pero más me duele la muerte de mi padre, el dolor de mi madre y hermanos. Por eso, necesito que esto se sepa, se difunda, se publique, por mi viejo y por todos los que sufren el desprecio, la falta de atención, la falta de misericordia de aquellos a quienes se acude por ayuda”.

Por su parte, Gerbaudo confirmó que escuchó a los hijos de Guiménez cuando regresaron con el paciente a Malargüe y que les prometió que se juntarían e iniciaría una investigación sumarial.

“El diagnóstico fue un accidente cerebro vascular masivo. Ingresó a nuestro hospital a las 9:40 y a las  13:05 al Schestakow. Aquí fue atendido por el doctor Chávez, padre, y se lo derivó correctamente. La ambulancia que lo trasladó fue la de su obra social y cuando llegó a San Rafael le hicieron la tomografía que se pidió pero el pronóstico fue muy feo”, puntualizó el funcionario.

“Lamentablemente, aunque se hubiera utilizado el mejor de los servicios y los más expertos, se trató de una patología muy agresiva.  El diagnóstico clínico que se le dio acá debía ser corroborado con una tomografía”, amplió.

No obstante, insistió en que, si bien piensa que no se cometieron cosas fuera de lugar, investigará el tema y que no dudaría en hacer lo que tenga que hacer si comprueba algo fuera de lugar.

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